domingo, 5 de octubre de 2014

AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL

Giannella Cerda Maynes
Psicóloga
06/10/2014


Sabías que… Las emociones que más se reprimen son la tristeza y el enojo.
A diario experimentamos emociones que pueden llegar a estallar y la autorregulación es la mejor manera de evitarlo, pero ¿qué es esto de autorregulación emocional?
Para comenzar debemos establecer la diferencia entre reprimir o controlar emociones y autorregular emociones, ya que a menudo algunas personas los consideran semejantes. Reprimir o contener emociones, que pudieran considerarse como agresivas o que generan cierta sensación de desagrado hacia la persona misma, produce automáticamente un rechazo de lo que se siente, optando por no demostrarse el cómo se encuentra en ese momento. Entonces, es aquí en donde se  trata de controlar la propia conducta para comportarse como si estuviera en un estado de calma.
La autorregulación va más allá de “controlar” las emociones, es  tener la capacidad de serenarse ante la sensación intensa de enojo, tristeza, miedo, culpa o felicidad. Ésta hace referencia a darse el permiso de sentir todas las emociones y encauzarlas debidamente. ¡No te preocupes, no es tan difícil como lo imaginas, sólo ten la disposición y actúa! A continuación te propongo algunas sugerencias:

1. Reconoce la emoción que se estás sintiendo.
2. Reflexiona acerca de la situación por la que estás pasando.
3. Decide qué es lo mejor que puede hacer y qué necesitas para lograrlo.
4. Responsabilízate de lo que sientes.
5. Conecta tus creencias y valores para saber cómo actuar.
6. No sientas vergüenza de las emociones que aparezcan, mejor acéptalas como parte de lo que estás siendo frente a la situación.
7. Y, finalmente, muestra flexibilidad ante el riesgo de equivocarte.

De tal manera que autorregularse es «poder enojarse con la persona indicada, de la manera indicada, en el momento indicado». Una vez que lo has logrado podrás identificar muchas de las ventajas, tales como: adquirir mayor libertad de expresar honestamente lo que sientes y lo que piensas; aumentar la estima y la seguridad personal; sentir mayor confianza ante la agresión o violencia de otras personas, entendiendo que su opinión es externa y, por lo tanto, no te define; comenzar a regirte con base en tus valores, así experimentarás mayor satisfacción con tus decisiones; aprender a establecer límites cuando es necesario de manera diplomática sin violentar a otras personas.
Para terminar, te propongo este último ejercicio. Tómate un tiempo para observarte más allá de tu físico y reflexiones sobre qué tanto regulas tus emociones y cuáles han sido las consecuencias afectivas, sociales, cognitivas y fisiológicas, positivas y negativas, a las que te han llevado. 

Giannella Cerda Maynes
Psicóloga
www.centroliber.com 


lunes, 11 de agosto de 2014

EL MITO DEL CUERPO FRAGMENTADO

Miguel Alejandro Espinosa Díaz
Psicoterapeuta y Sexólogo
11/08/2014 

“Mente y cuerpo sanos”, “entre el corazón y la razón”, “mis pies tienen flojera de moverse”, éstas y otras frases son muy comunes, nos hacen pensar en un cuerpo dividido, fragmentado.

¿Acaso la mente no es cuerpo y el cuerpo no es mente?  Seguro hay muchas personas que ahora mismo están respondiendo que son cosas distintas, pero esa percepción nos viene de la forma en que en occidente hemos aprendido a mirarnos, fragmentados. Por ejemplo, en la medicina, cada día se especializan más en “las partes”, tenido sus resultados y utilidades, más ello no quiere decir que la persona sea una suma de pedazos que en conjunto hace sistemas (ya lo dice aquella frase de la filosofía Gestalt «el todo, es más que la suma de sus partes»). Si somos más que esa suma ¿por qué seguimos viviéndonos en fragmentos?

El siguiente enunciado es una expresión mexicana muy común para referirse a casi cualquier malestar de la región  abdominal: “Me duele la panza”; ¿la panza? Seguramente, al mismo tiempo hay una baja de energía hay un desgano o sueño, seguidos de sudoración o variantes en la temperatura corporal, etc., en pocas palabras, hay una incomodidad generalizada. Así es, la respuesta corporal es total y no de un solo pedazo, y  yendo más allá, ésta está acompañada también de una respuesta emotiva e ideaciones referentes a la vivencia que se experimenta, que además  tiene que ver con algo ocurrido en el ambiente y la manera en cómo nos hemos relacionado con ello (supongamos un coraje porque alguien o algo no sucedió como deseábamos).

Siguiendo con esta expresión mexicana, al fragmentar la experiencia y focalizarla únicamente en “la panza”, acostumbramos a tomar una pastilla y ¡listo! Vaya situación, luego de toda una experiencia de la cual pudimos salir enriquecidos, aprendiendo más del vivir y la vida, nada, no hay tiempo, no importa ya, “solo fue un dolor de panza”, y seguimos con el ritmo apresurado sin abrir un espacio para darnos cuenta y reflexionar sobre lo que nos ocurrió, como si eso no tuviera nada que ver con nosotros o con nosotras. Por ende, no vale la pena detenerse un poco a mirar con atención, cuáles fueron las posibles causas y cómo fue la manera en que respondimos ante esta situación que, por mínima que parezca, resulta un estado crítico para nuestra corporeidad.

Si aprendiéramos a miranos más allá de las suma de nuestras partes es probable que logremos ampliar nuestra consciencia de nosotros mismos o nosotras mismas, como también de las formas en que nos relacionamos con el mundo y con las otras personas. Quizá nos pudiéramos dar cuenta de que nuestros órganos y sistemas no están aislados unos de otros y, seguramente, hablaríamos más del cómo vivimos nosotros y nosotras las experiencias que del cómo únicamente las pequeñas porciones de nuestros cuerpo a veces reflejan con mayor fuerza. Si fuera así, seguramente nuestra responsabilidad iría más allá de tomar medicamentos en tiempo y forma para aliviar nuestro malestar (cosa igual de importante).

Focalizarnos en un aspecto es solo una manera de pensar que resulta útil en occidente, especialmente dentro de las visiones médicas, porque en oriente la mirada es distinta, ni más ni menos válida, solo distinta, pero, más allá de estas áreas profesionales, las personas podríamos mirarnos de formas más amplias y sacar ventaja también de ello, pues nos devuelve nuestra responsabilidad.


Nuestra especie, en su singularidad, es un ser en relación, es un todo. Podemos mirarnos sin pensarnos divididos o fragmentados, eso solo es un mito.

Miguel Alejandro Espinosa Díaz
Psicoterapeuta y Sexólogo
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lunes, 4 de agosto de 2014

ELEGIR UNA ESCUELA PARA HIJO O HIJA: Algunas recomendaciones

María Fernanda Campos Castro
Psicoterapeuta Infantil
04/08/2014 

En definitiva, la elección de una escuela para tu hijo o hija es crucial para cualquier persona adulta responsable e interesada en los estudios de una persona menor de edad ya que es ahí donde pasaran largo tiempo (desde 4, 5 o incluso 8 horas del día y varios años de formación) en manos de personas que tendrán la responsabilidad de guiarlos en el desarrollo académico y personal. Por lo que la confianza en la institución es una de las sensaciones que deberá de acompañarte en la toma de esta decisión como de la formación de tu hijo o hija.

Si tú eres un papá o una mamá con este interés, aquí te comparto algunas consideraciones significativas que deberás tener presente para este nuevo ciclo escolar al momento de inscribir a tu hijo o hija.

1. Una escuela abierta al dialogo. Observa cómo te reciben y cómo reciben a tu hijo o hija, la amabilidad con que responden a tus preguntas, dudas e inquietudes, las actitudes de las personas responsables de la institución, de quienes forman al cuerpo docente y del resto de las personas que ahí laboran.

Recuerda que centrar tu atención en estos detalles te permitirá elaborar ciertas conjeturas respecto del sistema de valores y creencias que ahí privilegian, como dirían “el verlos actuar habla más que mil palabras”.

Esto te ayudará a conocer la disposición que tienen para trabajar junto contigo en la formación académica de tu hijo o hija. Ten presente que es un trabajo en equipo entre tú y la escuela, por lo que también deberás estar con la disposición para colaborar con ella.

2. Una escuela que maneje un sistema de valores similar al que manejas en casa.  Los valores que son importantes para tu familia deben concordar con los valores que aprueba la escuela, por ejemplo, si te gusta que tu hijo sienta calidez y respeto, una escuela militarizada no será tu mejor opción.

Para poder definir este punto, te invito a que primero reflexiones e identifiques el sistema de valores que manejas con tu familia, y segundo, ampliar el punto anterior preguntando por el programa de valores, la misión y la visión que la escuela tiene.

3. La reputación de la escuela. Cada escuela forma una reputación que la distingue. Siempre procura preguntar a las personas conocidas sobre lo que saben de esa institución, y si eres nuevo en el lugar, acércate a los padres y las madres de familia que veas salir de ella.

Considerar opiniones de otras personas puede darte un panorama importante de cómo se vive dentro de la institución más allá de los informes que brinda la escuela (y que suelen ser siempre favorecedores). Si escuchas una opinión negativa, explora esa información y concéntrate en el cómo la escuela apoyó para resolver la situación.

4. La capacidad de la escuela para la resolución de conflictos. Es muy importante estar conscientes de que no existe escuela libre de conflicto. Por eso deberás de identificar si ahí cuentan con algunas estrategias, programas y/o profesionistas que se dediquen a la resolución de conflictos, tales como el bullying.

Hoy en día  existen programas que brindan soporte sobre estos temas de violencia, fracaso escolar, orientación educativa, etc.

5. Programas y niveles académicos. Seguramente, tú como papá o mamá, guardas cierta preocupación y ocupación por hacer de tu hijo o hija las mejores personas y es por eso que buscas lo mejor en una escuela, por ejemplo, la enseñanza de diferentes idiomas y actividades académicas y deportivas extraescolares. Sin embargo, el mejor programa y nivel académico estará en función de las capacidades de tu hijo o hija, el apoyo que puedas brindarles y el tipo de acompañamiento que la institución les brinde.

6. El estrés. Las relaciones interpersonales se ven afectadas por el estrés. Si dedicas gran parte del día a tu trabajo, la escuela de tu hijo o hija debe ser aquella que quede cerca de casa o camino al trabajo, así, llevarlos y recogerlos, no será una dificultad y causa de mal humor.

Si lo requieres, considerá escuelas que tengan programas de apoyo para los alimentos y las tareas.
 
Pon en una balanza lo que te brinda la escuela y si eso es lo que necesitan para que su relación de padre, madre e hijo, hija sea lo más saludablemente posible y con tiempos de calidad.

Recuerda, las decisiones más importantes no son aquellas que tomamos con rapidez, al contrario, reflexiona, pon sobre la mesa estos y otros elementos que sean importantes para ti, consúltalo con tu pareja y con tu hijo o hija (si la edad lo permite). Aún estás a tiempo, en México el ciclo escolar 2014 – 2015 inicia el 18 de Agosto.

María Fernanda Campos Castro
Psicoterapeuta Infantil
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lunes, 23 de junio de 2014

INCLUSIÓN SOCIAL

Giannella Cerda Maynes
Psicóloga
23/06/2014 

La tristeza, el fracaso, la baja autoestima, la soledad o la impotencia por la falta de apoyo son algunas de las consecuencias negativas en las personas o grupos humanos que viven discriminación, exclusión y segregación por diversas razones, tales como, la raza, situación económica, clase social, origen étnico, idioma, religión, sexo, orientación sexual y aptitudes o habilidades ¿Cómo modificarlo? ¿Cómo puedo ser más inclusiva/o?

Si queremos un mundo más equitativo y más respetuoso frente a las diferencias, en donde podamos beneficiarnos a través de una participación activa en la que se valore el aporte de cada persona a la vida familiar, el trabajo y la sociedad, independientemente de nuestras características, será necesario realizar acciones inclusivas en la familia y la sociedad desde la educación.

La educación inclusiva permite desarrollar fortalezas y dones individuales, con expectativas altas y apropiadas para cada persona; trabajar en objetivos individuales mientras se participa en con otras personas; fomentar una cultura escolar de respeto y pertenencia; aprender y aceptar las diferencias individuales; desarrollar amistades con una amplia variedad de personas, cada uno con sus propias necesidades y habilidades; apreciar las diferencias; y mejorar las habilidades y conocimientos mutuos.

Socialmente, la educación inclusiva nos permitiría tener acceso a todos los servicios sociales de calidad (salud, educación y vivienda, entre otros),  a la infraestructura física (agua, servicios sanitarios y transporte) y a los mercados de trabajo digno. En la familia, si nos conducimos desde la inclusión, contribuimos con  el desarrollo de habilidades y valores, tales como, la tolerancia, el respeto, la comunicación asertiva y el aprovechamiento de los recursos disponibles en la sociedad. En general procuraríamos nuestra felicidad, pero cómo lograrlo.


El camino para acabar con la exclusión comienza por reconocer que todas las personas somos distintas y tenemos el mismo valor, independientemente de las características o las formas de pensar y de ser en el mundo. Esto nos ayudará a relacionarnos desde una perspectiva de la inclusión, es decir, nos ayudará a tener una respuesta positiva frente a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales, nos permitirá percibir este hecho como una oportunidad para el enriquecimiento mutuo y de la sociedad.

Tener presente que no vivimos individualmente en este mundo, al contrario, vivimos siendo parte de una familia y, a su vez, de una comunidad en la que debemos procurarnos una mejor vida a través de la atención que les demos a nuestras necesidades desde diferentes y posibles soluciones o respuestas que nos permitan valorar el conocimiento y tradiciones culturales propias del lugar de proveniencia, promover el intercambio cultural y la existencia de los apoyos nuestra mejora en la calidad de vida, aún en condiciones de desplazamiento forzado.


Giannella Cerda Maynes
Psicóloga
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martes, 17 de junio de 2014

VÍNCULO PATERNO

Marcos Eduardo Espinosa Díaz
Pedagogo
16/06/2014


Los hay adolescentes, añosos, biológicos, adoptivos, sin ser la pareja de mamá, putativos, pero siempre en relación con su descendencia o algún menor de edad del que ha asumido su crianza ¿Qué es ser papá y cuál es la importancia de este vínculo con mamá y con los hijos o las hijas?

De acuerdo con la Encuesta IMAGES Chile sobre la paternidad, los padres, por lo general, creen que deben cumplir el rol de proveedor; 9 de cada 10 dice “en general tengo la mayor responsabilidad de proveer para mi familia”; 6 de cada 10 “dedico muy poco tiempo a mis hijos por motivos de trabajo”; 6 de cada 10 “mi rol en el cuidado de los niños es principalmente como ayudante”; y el […] 75,9% indicó que les gustaría trabajar menos si eso significara pasar más tiempo con sus niños. (Palma F., 2013) ¿Qué podrías deducir con estos datos?  

Ser padre es un fenómeno cultural, social y subjetivo que relaciona a los varones con sus hijos o hijas […], más allá de cualquier tipo de arreglo conyugal. (Organización de las Naciones Unidas, 2002). Por ejemplo, en México, como en muchas partes del mundo, la figura paterna se ha centrado durante varios años en la exclusividad de las contribuciones económicas y el ejercicio vertical de la autoridad debido a que en nuestra sociedad, por un lado, educamos en la negación y el alejamiento de los hombres para expresar ternura o demostrar sus emociones (Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, 2013), y, por otro lado, tenemos una cultura donde sólo se engrandece el papel de la madre y se estereotipa a que ella es la única encargada de ejercer los cuidados afectivos y de crianza, y no es así (Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2013).


La paternidad es una de las vías por la que los hombres asumen un mayor permiso para expresar sus emociones. Se ha descubierto que si el hombre reconoce abiertamente el amor que siente por sus hijos o hijas es muy probable que incremente desde su participación en el cuidado y la crianza, hasta llegar a convertir  la paternidad en un proyecto personal tan importante como el desarrollo profesional. (Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, 2013)

La presencia e imagen paterna es realmente importante e influye positivamente a toda la familia… a los hijos o las hijas porque se desarrollan más sanos, plenos y felices con el papá como cuidador significativo; a la mamá porque comparten el cuidado y la crianza, y pueden contar con una mejor calidad de vida personal y familiar. (Aguayo & Kimelman, 2013)

Aunque el aporte económico es muy importante para el desarrollo de los propios hijos o hijas, especialmente si no se vive con ellos o ellas, ser papá activo también implica participar en su cuidado diario; ser corresponsable de la crianza (compartiendo con la mamá tareas, tales como: alimentar, vestir, pasear, hacer dormir, jugar, bañar y enseñar); estimular el desarrollo en cada etapa de su vida; tener una relación afectuosa e incondicional; y criar de manera respetuosa, poniendo límites con buen trato. (Aguayo & Kimelman, 2013)

Pero no todo el beneficio es para los hijos o hijas, asumir estás acciones de crianza y tareas domésticas brinda la oportunidad a papá de pasar más tiempo con sus hijos o hijas, de  construir vínculos más sólido en el tiempo, de sentirse más realizado y lograr una mejor calidad de vida personal y familiar, sin dejar de lado el cuidado de la propia salud mental, la regulación de la carga de trabajo y los niveles de tensión, y las conductas de autocuidado.


Celebremos con amor este tercer domingo del mes de junio  el Día del Padre, con la intensión de reconocer la importancia de este vínculo.

Marcos Eduardo Espinosa Díaz
Pedagogo
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REFERENCIAS

Aguayo, F., & Kimelman, E. (2013). Guía de paternidad activa para padres. Obtenido de Chile Crece Contigo: http://www.crececontigo.gob.cl/wp-content/uploads/2014/02/guia-paternidad-activa-y-corresponsabilidad-de-la-crianza.pdf
Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. (Septiembre de 2013). Paternidades: Los nuevos escenarios en América Latina. Boletín InfoFamilias. Obtenido de http://www.mimp.gob.pe/files/direcciones/dgfc/diff/Boletin-INFOFAMILIA2013_3.pdf
Organización de las Naciones Unidas. (2002). Educación reproductiva y paternidad responsable en el Itsmo Centroamericano. México: Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Palma F., C. (23 de Noviembre de 2013). Paternidad a medias: ¿Qué falta para la ansiada crianza compartida? Obtenido de Men Care América Latina: http://www.campanapaternidad.org/paternidad-a-medias-que-falta-para-la-ansiada-crianza-compartida/
Universidad Autónoma de San Luis Potosí. (13 de Junio de 2013). Inició en la UASLP campaña "Es dulce ser padre". Obtenido de Monitor Universitario: http://www.monitoruniversitario.com.mx/destacados/inicio-en-la-uaslp-campana-es-dulce-ser-padre-mexico-2013/ 

lunes, 9 de junio de 2014

REBELDÍA EN LA ADOLESCENCIA

Nayeli Reyes González
Psicoterapeuta
09/06/2014

Después del desarrollo que se da durante la infancia surge, como una tormenta repentina, una diversidad de cambios en la etapa de la adolescencia. Desde cambios corporales que lo asemejan a la de una persona adulta, hasta cambios en su desarrollo que se potencia y brindan la posibilidad de imaginar y hacer un sinfín de preguntas que giran en torno a la necesidad de saber quién soy. Es en esta búsqueda de la propia identidad en la que se suele utilizar como estandarte la palabra libertad y se irrumpe en contra de los límites y las normas impuestas por el entorno y por las personas que las rodean, ocasionando desacuerdos y conflictos familiares o lo que se percibe como: ¡Rebeldía!

Existen diversas explicaciones con respecto al origen o intención que cumplen los comportamientos rebeldes. Algunas ellas mencionan que pueden darse de manera intencional o simplemente como una respuesta natural ante la situación de vida, otras que son la manera en que las personas prueban sus límites y desarrollan su propio código de normas, y otras que son acciones que los llevarán a encontrarse con su identidad, autonomía e independencia y, en consecuencia, la separación de los incomprendidos parámetros y estándares familiares. También, se dice que el nivel de rebeldía con que actúa la persona depende de la fuerza requerida para superar los lazos que le atan al núcleo familiar y que le impiden ir en busca de su propio lugar en la sociedad, aunque en muchas de las ocasiones a estas actitudes y conductas se les califica como inapropiadas.

Si la rebeldía es causa de incomodidad y desacuerdo entre los miembros de la familia ¿Cómo podemos hacer frente a estas conductas y comportamientos de rebelión?



Acordemos las consecuencias de una actitud o comportamiento rebelde. Se recomienda que en conjunto se establezcan  normas que regulen alguna actitud que se perciba como rebelde. Estas propuestas procurarán salvaguardar la integridad física y afectiva de la persona en la adolescencia sin castigos o amenazas que lo controlen. Puede ser de utilidad establecer un contrato de conductas que favorezca la resolución de conflictos, la negociación y el respeto de los acuerdos.


Mostremos seguridad y constancia. Es común que la persona en la adolescencia intente frecuentemente arremeter contra los límites para probando una y otra vez si la estructura familiar es rígida o flexible, por lo que debemos mostrar seguridad y actuar con constancia en lo que estamos haciendo, sin esperar aprobación.


Generemos espacios de confianza para la comunicación. La comunicación juega un papel muy valioso para evitar situaciones de riesgo y estimular la toma de decisiones más acertada, por lo que será de gran importancia procurar un ambiente de confianza y cercanía para favorecerla. La tolerancia hacia las conductas con las que se está en desacuerdo complementará dicho proceso, lo cual no significa que estas sean aprobadas, sino simplemente que se muestra aceptación hacia las formas individuales de comportamiento, sin estimularlo ni aceptarlo.

Ser padre, madre o la persona a cargo de alguien que atraviesa la etapa de la adolescencia no es tarea fácil, sin embargo es importante no percibir como personal esta rebelión, sino como un comportamiento que en la mayoría de las veces es característico del desarrollo mismo. Por eso busquemos ser las figuras que brinden contención, cobijo, compañía y apoyo para crecer, sin sobreproteger o abandonar.

Nayeli Reyes González
Psicoterapeuta
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lunes, 2 de junio de 2014

¡VAMOS A JUGAR! La importancia del juego

Diana Sánchez Mejía
Psicoterapeuta Infantil
02/06/2014

“… a las muñecas, con carritos, a ‘la casita’, con soldados, con juegos de mesa, con tierra, o con el primer y más simple objeto que se atraviese…”

¿Recuerdas con qué o a qué te gustaba jugar durante tu infancia? Basta con que hayas terminado de leer esta pregunta para que de inmediato llegue a ti el vivo recuerdo de aquello con lo que tanto disfrutabas por largo rato, con lo que el tiempo pasaba desapercibido y la imaginación creaba increíbles escenarios y aventuras. Seguramente mientras recreabas estas vivencia te acompañaban  diversas sensaciones y emociones tan reales que te hacían revivir aquel momento de una forma nítida y singular. Así de fuerte es su efecto ¿Pero por qué es importante?

Además de que se le ha considerado como un patrón de comportamiento humano natural y universal que puede llevarse a cabo con cualquier objeto, o incluso con ninguno, al que se le dota de una función simbólica, de una  “… mezcla intrigante de fantasías, sentimientos y percepciones de la vida real o irreal, unidos con el espíritu de la simulación” (Irwin, 1991), el juego posee en sí mismo beneficios de gran importancia en las diversas áreas de desarrollo y etapas de vida debido a que es uno de los medios de expresión, experimentación y aprendizaje más importantes.

Aunque no es exclusivo de la infancia, el juego ocupa una parte importante del tiempo y desarrollo de las personas en este período ya que estimula las áreas física, cognitiva, social y emocional, además de que permite explorar y aprender sobre el mundo dentro de un ambiente seguro y cómodo. En palabras de Oaklander (1978) “el juego es la manera en que los niños [y las niñas] someten a prueba al mundo y aprenden sobre él. Por tanto, el juego es esencial para un desarrollo saludable. Para los niños [y las niñas] el juego es un asunto serio. […] A través de la seguridad que brinda el juego […] pueden someter a prueba sus propias y nuevas formas de ser”.

Es común que se perciba distinto al juego en las diferentes etapas de la vida, por ejemplo, entre la infancia y la adultez. En la primera se encuentra invadido de atributos como la imaginación, creatividad y espontaneidad que permiten experimentar tal actividad de una manera natural, donde el fin del juego es el juego mismo cumpliendo una función básica de diversión, placer y ocio. En la segunda, en gran parte de las personas adultas influye un sinfín de condiciones culturales y de pensamiento que hacen “razonar más” el juego, preguntándose acerca de los objetivos que cumple, de su importancia, de los materiales y de las reglas que este debe seguir, limitando la auténtica experiencia del mismo que, para quienes se dan la oportunidad de vivirla, puede brindar las mismas sensaciones y emociones de satisfacción y disfrute.

Pese a ello, el desarrollo tecnológico y cultural ha influido de manera negativa sobre este ya que van determinando supuestos que limitan y estigmatizan las formas de juego y el uso de la creatividad e imaginación (tal es el caso de los juegos de vídeo y dispositivos electrónicos que disponen a una actitud pasiva o de la disposición de los materiales que impiden a las personas una amplia exploración de posibilidades por la asignación de género). Con el fin de evitar dichas limitantes, las personas en la adultez cumplimos con un rol importante dentro de estas actividades lúdicas de las personas en la infancia facilitando las condiciones necesarias para el juego, es decir, proveyendo de un lugar seguro, del tiempo suficiente y de una auténtica disposición para el juego.

Si evitamos la dirección o imposición, podemos jugar donde sea, como sea, con lo que sea y, lo más importante, con quien sea, pues todas las personas podemos hacerlo, así que ¡A JUGAR!



Diana Sánchez Mejía
Psicoterapeuta Infantil
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REFERENCIAS
West, J. (2000). Terapia de juego centrado en el niño (2a Ed.) México: Manual Moderno